Durante mucho tiempo creí que no era suficiente

¿De dónde nace esa voz que nunca deja de exigirte?

¿Alguna vez has sentido que, por mucho que hicieras, nunca era suficiente?

Que necesitabas esforzarte más.

Ser más amable.

Más fuerte.

Más inteligente.

Más delgada.

Más perfecta.

Yo también viví durante muchos años con esa sensación.

Y lo más curioso es que nadie me la enseñó directamente.

No hubo un día en el que alguien me dijera: «No eres suficiente.»

Simplemente fui creyéndomelo.

Poco a poco.

Sin darme cuenta.

Cuando confundimos el amor con la necesidad de agradar

Hace más de veinte años viví una relación que cambió mi forma de verme.

Pensaba que para que alguien me quisiera tenía que adaptarme constantemente.

Intentaba ser la persona que creía que el otro esperaba de mí.

Poco a poco dejé de preguntarme qué quería yo.

Solo pensaba en no decepcionar.

En no perder ese amor.

Hoy sé que aquello no era amor.

Era miedo.

El miedo a no sentirme suficiente.

Nadie nace creyendo que vale menos que los demás

Con el tiempo comprendí algo que me cambió por dentro.

Las creencias no aparecen de un día para otro.

Se construyen.

A veces nacen de una experiencia.

Otras veces de una frase que escuchamos de pequeños.

De una comparación.

De una mirada.

De sentir que tenemos que ganarnos el cariño de los demás.

Y cuando una creencia se repite durante años, termina pareciendo una verdad.

Aunque no lo sea.

El origen de muchas heridas no está en lo que vivimos, sino en lo que aprendimos a creer sobre nosotros.

Yo aprendí a creer que tenía que demostrar constantemente que era válida.

Que tenía que hacerlo todo bien.

Que tenía que ser perfecta para merecer amor.

Y esa forma de pensar acabó afectando también a mi cuerpo y a mis emociones.

Pero esa parte de mi historia te la contaré en el próximo artículo.

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Las relaciones pueden hacer que poco a poco vayas creyendo cosas de ti que te hagan daño.

Hoy quiero invitarte a hacer una pausa

Piensa por un momento.

¿Qué frase llevas años repitiéndote?

Quizá sea:

«No soy suficiente.»

«Nunca hago nada bien.»

«Siempre decepciono a los demás.»

«Tengo que poder con todo.»

Ahora pregúntate algo más.

¿Esa voz realmente es tuya o simplemente la has escuchado tantas veces que has terminado creyéndola?

Porque muchas veces el primer paso para transformar nuestra vida no es cambiar.

Es cuestionar aquello que llevamos demasiado tiempo creyendo.


Nos leemos muy pronto.

Un abrazo,

Esther Canelles

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